Brandada de bacalao

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Brandada de bacalao. Un ejemplo de cómo un pescado que vive en las frías aguas del Atlántico norte ha llegado a complementarse a la perfección con ingredientes tan mediterráneos como el aceite de oliva y el ajo. El plato no puede ir más atrás del siglo XVI, cuando el bacalao de aguas nórdicas llega a los países del sur de Europa. En Francia, el bacalao tiene dos nombres diferentes, según sea fresco o seco. Dicen los franceses que "Dios inventó el cabillaud (bacalao fresco), pero el hombre tiene el gran mérito de haber descubierto la morue (bacalao salado)". Bien, pues, siempre según los interesados, la más bella transformación del bacalao salado no es otra que la brandada, plato en el que ese bacalao, una vez desalado, se convierte en puré, que se mezcla con aceite de oliva y otros productos para convertirse en una delicia que se suele tomar acompañada de croûtons, pequeñas cuñas de pan seco al horno frotado con ajo. Bueno, lo del ajo depende de dónde se tome. En Nimes, que reclama la gloria de su invención, el ajo está proscrito; en Marsella, en cambio, es obligatorio. La brandada triunfó al llegar a París, de manos de tres cuñados que inauguraron en la capital francesa, en 1786, un pequeño restaurante económico al que llamaron "Trois frères provençaux" (Tres hermanos provenzales). El éxito, tanto del restaurante como de la brandada, fue inmediato.Brandada de bacalao. Un ejemplo de cómo un pescado que vive en las frías aguas del Atlántico norte ha llegado a complementarse a la perfección con ingredientes tan mediterráneos como el aceite de oliva y el ajo. El plato no puede ir más atrás del siglo XVI, cuando el bacalao de aguas nórdicas llega a los países del sur de Europa.

En Francia, el bacalao tiene dos nombres diferentes, según sea fresco o seco.
Dicen los franceses que “Dios inventó el cabillaud (bacalao fresco), pero el hombre tiene el gran mérito de haber descubierto la morue (bacalao salado)”.

Bien, pues, siempre según los interesados, la más bella transformación del bacalao salado no es otra que la brandada, plato en el que ese bacalao, una vez desalado, se convierte en puré, que se mezcla con aceite de oliva y otros productos para convertirse en una delicia que se suele tomar acompañada de croûtons, pequeñas cuñas de pan seco al horno frotado con ajo.
Bueno, lo del ajo depende de dónde se tome. En Nimes, que reclama la gloria de su invención, el ajo está proscrito; en Marsella, en cambio, es obligatorio.

La brandada triunfó al llegar a París, de manos de tres cuñados que inauguraron en la capital francesa, en 1786, un pequeño restaurante económico al que llamaron “Trois frères provençaux” (Tres hermanos provenzales). El éxito, tanto del restaurante como de la brandada, fue inmediato.

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